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Reggie Ray (via Tricycle Daily)
(Source: wordslessspoken)
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(via mindfulwellness)
(via wordslessspoken)
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(Source: callllan, via wordslessspoken)
- Mother Teresa (via tenthousandangels)
“12 Symptoms of a Spiritual Awakening”
1. An increased tendency to let things happen rather than make them happen.
2. Frequent attacks of smiling.
3. Feelings of being connected with others and nature.
4. Frequent overwhelming episodes of appreciation.
5. A tendency to think and act spontaneously rather than from fears based on past experience
6. An unmistakable ability to enjoy each moment.
7. A loss of ability to worry.
8. A loss of interest in conflict.
9. A loss of interest in interpreting the actions of others.
10. A loss of interest in judging others.
11. A loss of interest in judging self.
12. Gaining the ability to love without expecting anything in return.
"Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: ” La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.